Aunque ya estoy de vuelta en casa, no quería dejar este proyecto en el blog sin hacer referencia a las dos últimas semanas que pasé en Palestina.
Durante algo más de una semana estuve viviendo con una familia en Betania, denominada en árabe Al-Eizaryya. Esta aglomeración urbana tiene una población estimada de 70.000 personas (contando con el vecino pueblo de Abu Dis). Se encuentra incluida en el área C, esto es, bajo control militar israelí y el muro la atraviesa cortando la ciudad en dos.
Allí tuve la ocasión se seguir entrevistando familias cristianas y conocer de primera mano su situación de penuria debida a la segregación con respecto al resto de la zona israelí. De hecho, se estima que en la zona no quedan más de 15-20 familias cristianas y sus condiciones de vida son cada vez más penosas. A la consabida barrera física que supone la presencia del muro y de los controles israelíes, hay que sumar la progresiva disminución del número de cristianos y la discriminación a la que les somete el incipiente desarrollo de la autoridad palestina. Esto hace que los pocos cristianos que queden, pertenecientes a distintas comunidades y ritos, se unan en los pocos espacios de convivencia que les quedan.
También conviví unos días con las niñas del orfanato Hogar Lázaro. Este centro, dirigido por Samar Sahar, una cristiana, da acogida a 10 niñas internas (huérfanas totales) y 27 externas (con algún tipo de familiar). Las niñas son todas musulmanas y reciben educación en un centro privado cercano, a cargo del orfanato. Funcionan sólo mediante las donaciones que reciben del extranjero, especialmente de Inglaterra, Italia y España.
De vuelta a Jerusalén, terminé las entrevistas que tenía pendientes con los cristianos de la ciudad vieja y barrios periféricos. Asimismo, entablé contacto con los frailes de la Custodia, franciscanos guardianes de los Santos Lugares.
En el Convento de San Salvador encontré a verdaderos veteranos de la presencia cristiana en Tierra Santa. Dentro, el taller de artesanía del padre Ovidio sirve de lugar de encuentro con experimentados “sufridores” del rigor que impone la vida en Israel.
Ahora siguen, a ritmo pausado, trabajando en el taller artesano.
Allí, pude acompañar también a los frailes en el entierro de uno de los suyos (fray Daniel….) que, tras otra vida de película (misil explosionado en su iglesia mientras oficiaba misa incluido), había fallecido unos días antes. El funeral y la procesión hasta el cementerio fuera de la ciudad vieja fue muy emotiva y estuvo también, como no podía ser de otra forma, cargada de tensión por un encontronazo con un judío ortodoxo en la puerta del Monte Sión.
Por último, el padre Artemio Vítores, recién elegido Vicario custodial (responsable de la Custodia en el Próximo Oriente), me facilitó mucha información acerca de la presencia y actividad de los franciscanos en Palestina. De una amabilidad y actividad frenética, fray Artemio me proporcionó acceso a algunas de las manifestaciones religiosas más relevantes de la ciudad y a la actividad pastoral que desarrollan con los grupos de peregrinos venidos a Tierra Santa. Estos suponen una fuente de sustento fundamental para la población autóctona, en la mayoría de los casos dedicada a la producción y venta de artículos para turitas.
En definitiva, durante este mes he pretendido acercarme a la compleja realidad de las comunidades cristianas en Palestina. A su situación socioeconómica, a las iniciativas de convivencia y a sus espectativas de desarrollo futuro. He llegado de esta forma a un conocimiento, si no profundo, al menos próximo a sus circunstancias más relevantes.
Espero que el fruto de este trabajo sea de interés y permita, cuando menos, a sus lectores acercarse a la difícil situación de estas comunidades en este lugar convulso.
August 22nd, 2010 - 14:45
Muy interesante Daniel, creo que te has empapado de todo lo que ocurre allí…esperemos que algún día no muy lejano, la paz y la tolerancia reinen en tan maravillosa tierra.
Saludos